"Nadie es ajeno a la pornografía". Ese fue el axioma y punto de partida de Andrés Barba (Madrid , 1975) y Javier Montes (Madrid, 1976) al enfrascarse en un género tan denostado como poco estudiado.

Y su trabajo, La ceremonia del porno, se alzó ayer con el XXXV Premio Anagrama de Ensayo, dotado con 8.000 euros, al que optaron 133 manuscritos. Una cifra récord de participación en la historia del galardón.

A la idea de que "para todos hay una pornografía" se le sumó la tesis de que "la experiencia pornográfica se da en el marco de una ceremonia de características muy particulares", precisó Barba.

A partir de esa base, la dupla de investigadores extrajo curiosas observaciones, "sin atacar ni hacer apología del género", apuntó Montes.

"La sociedad se vuelve pornógrafa" e intenet, como espacio privilegiado del porno, facilita "la transformación de "los consumidores en sujetos productores de porno", señalaron, "gracias a los chat y el uso de webcam".

A la vez, "estamos viviendo una segunda oleada global de pánico al porno, como a comienzos de los 70", añadió Barba. Y lo paradójico es que las sociedades más represivas, e incluso censoras, como la afgana y la iraní, son las mayores consumidoras de pornografía a través de la red.

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