Pornografía
LAS AVENTURAS DEL INSIGNE CABALLERO TORBE, EL ÚLTIMO COMEDIANTE ......
Un alarido resuena por toda la sala congelando las sonrisas de los invitados: conmociona escuchar el gruñido de una hembra de cerdo en celo en un apartamento del centro financiero de Madrid. Pero por aquí no hay ninguna marrana. Tampoco un marrano. Es Natxo Allende, alias Torbe, un actor porno español que no sólo es capaz de reproducir con fidelidad el reclamo sexual de una cerda, sino que cada día seduce a unos cien mil internautas con su web de sexo, novedades freaks y humor visceral. En www.putalocura.com, la buena nueva es la risa, el sexo es la religión y Torbe, su profeta.
Ahora él está en la ducha, gimiendo como una marrana. Si alguien tuviera el arrojo de darle una patada a la puerta entreabierta del baño, podría verlo -en plano general- envuelto en una toalla a modo de túnica: es una montaña de carne y pelos de ciento noventa centímetros de altura por ciento cuarenta y cinco de cintura que frota con vigor su espalda de oso y, feliz en su oronda desnudez, canturrea una canción desafinada de esos casetes de gasolinera que tanto le gustan. Ya no parece una cerda en celo, sino una ballena moribunda tratando de hacerse un lugar en un casting de American Idol. Pero si uno acercara la mirada como en un close-up de película porno, vería que a este gigante bilbaíno de treinta y seis años le cuelga un pene de escasos centímetros coronado por un capullo a la altura de los testículos: un conjunto bastante parecido a un sonajero. Es, como él mismo lo llama, «el micropene» que lo ha hecho famoso en el mundo del porno: siete centímetros en reposo y trece en erección. Exactamente el promedio de los españoles, un motivo por el que muchos se sienten identificados con este extravagante porno-star que, caso único en la industria, ha hecho creer que un cuerpo sin privilegios no es ningún impedimento para tener sexo con exuberantes starlettes como Celia Blanco o Stacy Silver.
La pornografía, a la que Natxo Allende se dedica desde hace cinco años con nombre artístico de desastre natural -antes era Torbellino; hoy, simplemente Torbe-, privilegia los miembros largos y gruesos: se necesita tener al menos unos veinte centímetros para soñar con acostarse con las principales starlettes de una industria que mueve unos sesenta mil millones de dólares al año (la gran parte por lo bajo: jamás le pregunte a un actor porno por sus ingresos). Un actor profesional cobra unos trescientos euros por escena. Ellas, quinientos si aceptan el sexo contranatura. Pero no todas las actrices lo hacen sólo por dinero. Éste es un star-system como cualquier otro, y a Torbe llegan a buscarlo decenas de jovencitas llenas de ilusiones de fama y reconocimiento, como las que pasan ahora mismo por las cabecitas de dos niñas llamadas Mónica y Marta.
Ambas tienen dieciocho años y quieren convertirse en starlettes. Mónica tiene los ojos negros, una melena rubia ondulada y una cara blancuzca y virginal. Marta es su mejor amiga: tiene una cabellera negrísima estilo pin-up, los ojos azules, las tetas enormes y los labios carnosos. Están esperando a Torbe en el sofá de la sala mientras juguetean con Ramona, la perrita chihuahua del actor. Mónica y Marta tienen los muslos cruzados hasta casi reventar las costuras de sus minifaldas, tan minúsculas y escandalosas como adecuadas para este negocio. Se nota que nunca van vestidas así y que han optado por disfrazarse de profesionales del cine X, o de lo que imaginan que debería ser una profesional del cine X. Hoy es viernes por la noche y hace unos días Mónica respondió a un anuncio publicado en putalocura.com: «¿Quieres ser actriz porno?». Ella dijo sí y Torbe la recibió casi de inmediato: desde entonces han rodado juntos varias escenas. La primera vez, recuerda el actor, Mónica estaba muy nerviosa. Para tranquilizarla, la disfrazó de colegiala con la intención de hacer sólo una sesión de fotos. Al principio fue casi un desastre. Mónica no sabía posar, sudaba, temblaba, hacía muecas de disgusto. Podría haberse ido, pero decidió quedarse hasta el final.
Ahora Mónica ha venido para acordar con Torbe los detalles de lo que mañana sábado será su primer bukake: un ritual de inspiración japonesa que consiste en tener sexo oral con varios hombres -nunca menos de ocho- y que suele acabar en un baño facial de abundante semen. Dicen que es el subgénero porno que más se vende en Internet, y las feministas suelen citarlo como un ejemplo del carácter cada vez más humillante que, según ellas, ha adoptado el porno en relación con la mujer. El investigador Román Gubern, autor del clásico La imagen pornográfica y otras perversiones ópticas, dice que es sólo una muestra de las transformaciones del porno para este nuevo siglo: «Antes, lo normal era ver a un hombre servido por varias mujeres: una típica nostalgia del harem. Ahora es frecuente ver a una actriz montada por varios hombres». A Marta, la amiga de Mónica, el feminismo le importa un comino. Tampoco ha oído hablar del profesor Gubern, así éste haya sido decano de Comunicaciones en la Universidad Autónoma de Barcelona y tenga una docena de libros publicados sobre cine. En cambio, Marta se enorgullece de visitar la página web de Torbe desde que tenía catorce años.
Llena de curiosidad, Marta le ha pedido a Mónica que la ayude a debutar en la industria y quiere que Torbe sea su Pigmalión: en unos minutos pasará por su cama y se dejará aplastar por sus ciento diez kilos de peso durante media hora. Después, un técnico editará la grabación para que miles de internautas puedan descargar el video desde el imperio digital de Natxo Allende. En putalocura.com, Torbe ha colgado durante un lustro sus lances con mujeres enanas, embarazadas, prostitutas y actrices de varios precios. La web vende también artículos de sex-shop y camisetas con lemas del tipo «Mi novia la come muy bien» (para ellos) o «Yo soy la novia» (para ellas). Pero su producto estrella es una serie de películas que tienen por título general Cerdillas, en las que Torbe interpreta a Remigio, un misógino, miope y desdentado ex seminarista que trata a las mujeres como si fuesen bestias impuras del Apocalipsis. Remigio no se baña nunca, tampoco se quita los calcetines y cuando las prostitutas -a las que visita cuando su equipo de fútbol golea- le exigen que al menos se lave, él contesta que no. Porque el agua moja.
De ser el porno la más viril de las venganzas, como insinúa el actor, su última película, Torrente X, vendría a ser un añadido de testosterona a la saga Torrente con la que su amigo Santiago Segura ha conseguido uno de los mayores éxitos de taquilla del cine español de todos los tiempos. El remake porno de Torrente filmado por Torbe exagera -si esto es posible- al detective fascista, machista, corrupto y alcohólico que Segura ha encarnado hasta ahora tres veces y que Hollywood acaba de comprar para realizar su propia versión en inglés. Santiago Segura es un admirador de Torbe y fue quien lo animó a probar suerte en el mundo del porno. La noche de la presentación de Torrente X dijo que era la peor película de sexo que había visto en su vida: «Es malísima, espantosa, pésima. Es tan mala ¡que es buena!». Aparte de las películas y las escenas de sexo que pueden descargarse por separado, la venta de todo el material erótico que ofrece putalocura.com no deja de crecer. Desde fotos tomadas con cámaras de teléfonos celulares y enviadas por chiquillas que quieren ser modelos, hasta contactos amorosos de internautas que buscan pareja para una noche.
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